2020 06 Noviembre

Unas lluvias históricas

 

En los tres últimos días, se han registrado en L’Albufera unas precipitaciones históricas, con cantidades tan significativas como los 524 litros por metro cuadrado recogidos en la Muntanyeta dels Sants -472 litros solo el día 5-, los 375 en el Mareny de Barraquetes, los 335 de Algemesí, los 283 en El Romaní (Sollana), los 422 de Almussafes y los 314 en el Racó de L’Olla.

Las lluvias se concentraron principalmente en la madrugada y la tarde del 5 de noviembre, tanto en la zona litoral como en la cuenca de drenaje de L’Albufera. Barrancos como el de Picassent y el del Poyo (también conocido como barranco de Catarroja en la zona de L’Albufera) mostraron niveles extraordinarios que puntualmente llegaron a superar su capacidad máxima, desbordándose e inundando buena parte de los municipios del suroeste de L’Albufera.  

Tras estas jornadas, la visión que ofrece el humedal es sobrecogedora. Los niveles de inundación de toda la llanura litoral que rodea el lago, así como la propia Albufera, superan los registrados en otros episodios de lluvias torrenciales cercanos, como los de noviembre de 1983, octubre de 2000 y septiembre de 2009. La ocurrencia de este tipo de fenómenos es habitual en nuestro territorio, en especial durante el periodo otoñal.

 

El papel amortiguador de L'Albufera

Las inundaciones y situaciones de lluvias torrenciales como las de estos días forman parte de la génesis natural y del propio funcionamiento de los humedales litorales. No en vano, uno de los servicios ambientales que ofrecen estos grandes espacios es precisamente el de prevenir y minimizar los daños de las grandes avenidas y permitir la laminación y evacuación del agua hacia el mar. Sin embargo, el elevado nivel de antropización del medio en que nos encontramos, con grandes núcleos industriales y de población e infraestructuras viarias, y con un sistema de bombeo artificial de desagüe hacia el mar, complica el funcionamiento de la dinámica natural de las inundaciones.

Además, estas lluvias arrastran, junto a los sedimentos, una gran cantidad de materiales y residuos inertes acumulados en los barrancos que acaban llegando a L’Albufera. A ello se añade una notable aportación de aguas residuales y de escasa calidad provocada por el colapso de muchas de las infraestructuras de saneamiento.  

 

 

Vida en La Devesa

Por otro lado, las malladas de la Devesa y del frente litoral de L’Albufera se verán beneficiadas por estas lluvias y favorecerán que durante los próximos meses estos enclaves tan valiosos recuperen su biodiversidad. Se trata de unos ecosistemas temporales que dependen exclusivamente de las precipitaciones para mantener agua y permitir la proliferación de comunidades de plantas e invertebrados acuáticos sumamente interesantes. 

Sin duda, este intenso ciclo de precipitaciones condicionará el estado ambiental de L’Albufera y su marjal periférico para los próximos meses. Habrá que ver cómo ha afectado a ecosistemas tan importantes y sensibles como las matas y también a las infraestructuras agrícolas asociadas al arroz. Con todo, no debemos olvidar que ante este tipo de procesos naturales poco se puede hacer y que la mejor opción tal vez sea la de aceptar y ser conscientes del papel que cumplen en la configuración de un territorio que, a pesar de todo, sigue evolucionando y cambiando. 

 

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Texto: B. D.

Fotos: Portada y 1, Embarcadero de la Gola del Pujol (V. L.). 2. Caseta de Pons en el Tancat de l'Estell (Paco Soler). 3, Casa de la Demaná en El Saler (Xuano Navarro). 4, Marjal de Alfafar (V. L.). 5 y 6, Mallada y caldera inundadas en La Devesa (N. D.). 7, Camino de entrada al Tancat de l'Estell (P. S.). 8, Una excavadora destapando la desembocadura de la Gola del Perellonet (N. D.). 9, Motor de Dalt, en el Tancat de l'Estell (P. S.). 10, Marca de sedimento a la altura del Pujol (N. D.).