Los últimos inviernos, una extensa superficie del marjal de l’Albufera en la que se cultiva arroz (algo más de 7.000 hectáreas este año) son fangueadas aceleradamente en apenas unas semanas y sin que en ellas se haya superado un mes de inundación invernal. Una vez fangueados los campos se facilita el drenaje de los mismos y en apenas unos días quedan ya en seco, un drenaje que se prolongara hasta le primera semana del mes de mayo. La Unión Europea establece, dentro de las ayudas agroambientales de la PAC, la posibilidad de acogerse a dos modalidades, una que exige entre otras medidas, la inundación invernal en un plazo de tres meses y medio, y otra que, no exigiendo la inundación invernal, establece la necesidad de mantener los rastrojos en el campo, al menos, hasta el primer día de febrero.
Ante esta situación, las cifras máximas que se han empezado a registrar de grupos de aves como las gaviotas (reidora y sombrías principalmente) son muy inferiores a las registradas otros años, con valores que apenas se acercan a las 8.000 aves (la mayoría gaviota reidora), cuando lo habitual en estas mismas fechas es superar incluso las 30.000 ejemplares. Esta situación se hace incluso más evidente con gaviotas de gran tamaño como la sombría o la patiamarilla, especies que suelen llegar a sumar más de 2.000 ejemplares y que apenas alcanzan unos pocos centenares en estas fechas. Algo similar parece estar sucediendo con las garzas y anátidas, especies de las que parecen registrarse cifras inferiores a las de otros años. Otras especies como la avefría europea o el chorlito dorado europeo parecen beneficiarse de estos trabajos adelantados y sus cifras han aumentado los últimos años.
Las razones que justifican este adelanto y posterior drenaje de los arrozales parecen asociarse con la reducción de los caudales superficiales derivados hacia l’Albufera desde la cuenca del río Xúquer y con la intención de reducir el problema derivado de la descomposición de la paja del arroz, situación que, por otro lado, afecta especialmente a las zonas de arrozal de mayor profundidad y que permanecen inundadas hasta bien entrado el mes de enero. Confiemos en que esta situación de excepcionalidad sea sólo eso, una excepción, y que la próxima invernada, el paisaje agrícola del entorno de l’Albufera mantenga los valores naturales y paisajísticos que le han valido para ser considerada como una de las zonas húmedas más importantes de la península Ibérica.
