2009 07 Noviembre

Ave de la semana: el colirrojo tizón Phoenicurus ochruros

Una de las mejores pistas para intuir que el otoño ha llegado a l’Albufera es la de observar un colirrojo tizón Phoenicurus ochruros. Este pequeño paseriforme nunca falla a su cita y desde los primeros días de octubre suele ser habitual observarlo en cualquier tipo de hábitats, aunque generalmente prefiere zonas abiertas que incluyen también hábitats agrícolas e incluso núcleos urbanos y construcciones aisladas, vallados y paredes de roca con puntos elevados en los que posarse.

Estas aves son fácilmente reconocibles por el color rojizo de la cola y por el llamativo plumaje que presentan los machos. Las hembras y ejemplares jóvenes muestran diseños más apagados que pueden llegar a resultar difíciles de separar de especies semejantes como el colirrojo real Phoenicurus phoenicurus, un migrante en l’Albufera y que presenta unos hábitos mucho más resguardados y esquivos.

Durante el otoño e invierno, l’Albufera recibe un buen número de aves que proceden, en su mayoría, de los países de Europa central (Francia, Alemania y Suiza principalmente) y que se corresponderían con aves pertenecientes a la subespecie gibraltariensis, que ocupa gran parte del continente europeo, incluida la mitad norte de la Península Ibérica. Hasta el mes de marzo puede ser fácil dar con este insectívoro que podremos observar posado en lugares elevados, cornisas, estacas o vallados, moviendo de manera muy característica la cola, como si de un “tic” nervioso se tratara.