2009 14 Septiembre

Empiezan a llegar las anátidas invernantes

Desde hace décadas, l’Albufera ha sido reconocida internacionalmente por su importancia como lugar de invernada para las aves acuáticas. Parte de esta importancia se debe a las poblaciones invernantes de anátidas y fochas que hacen de l’Albufera una de las principales localidades de invernada en la península Ibérica. La extensa superficie inundada del humedal durante el invierno configura un hábitat cuyas condiciones ambientales favorecen grandes concentraciones de aves.

Es importante hacer notar que las numerosas concentraciones de ánade azulón registradas tras la siega del arroz se han reducido a la mitad en dos meses. Pero con el avance del otoño, se hace cada vez más evidente la llegada de otras especies de anátidas que vienen a pasar aquí el invierno, buscando un confort biológico favorecido por la previsible disponibilidad de alimento y por un clima moderado. A finales del pasado mes de octubre se registró una primera entrada de pato colorado Netta rufina que se ha ido incrementando poco a poco, alcanzando las 4.000 aves estos días. Ahora parece tocarle el turno al cuchara europeo Anas clypeata, que estas últimas semanas ha aumentado sus efectivos hasta superar las 5.000 aves. Otras especies migratorias, procedentes de los núcleos de cría situados en el Norte y Este de Europa, como la cerceta común Anas crecca, el ánade rabudo Anas acuta o el porrón europeo Aythya ferina, han empezado a llegar de manera más tímida y es probable que puedan ir aumentando su número con el paso de los días. Sin embargo, atendiendo a la evolución de la invernada de anátidas de estos últimos años, con valores en declive a lo largo de la estación, todo parece indicar que las grandes concentraciones de ánade rabudo, silbón europeo Anas penelope y pato cuchara procedentes del norte probablemente pasen a formar parte del recuerdo colectivo reciente.

Las concentraciones más destacadas de este otoño parecen estar registrándose en el vedat de Silla, donde, una inundación temprana del marjal, el cierre de caminos desde principios de octubre y el hecho de no haber cazado en estas zonas desde el inicio de la temporada cinegética, parecen haber favorecido una mayor querencia de las aves, con censos que podrían superar las 15.000 aves.