2009 12 Septiembre

El regreso de las agujas colinegras

Un año más, durante la primera mitad de febrero se ha podido registrar en l’Albufera una de las especies más esperadas e interesantes de las que se presentan en este humedal durante los pasos migratorios. Se trata de la aguja colinegra Limosa limosa, un limícola de gran tamaño que se conoce localmente con el nombre de Tètol y que tradicionalmente llega en estas fechas, formando concentraciones que en ocasiones superan las 3.000 aves. Desde finales del otoño, cerca de un centenar de estas aves han pasado el invierno en l’Albufera, pero en estos primeros días de febrero su número ha empezado a aumentar y es previsible que se alcancen las máximas concentraciones a finales de este mes y en la primera semana de marzo. La importancia de estas cifras y su tiempo de permanencia dependerán de que se mantengan inundadas algunas zonas del marjal.

La aguja colinegra es una especie limícola migratoria distribuida por el continente Euroasiático, con tres subespecies reconocidas, que en invierno alcanza el África ecuatorial y Oceanía. En Europa se presenta la subespecie islandica que se reproduce en Islandia, el norte de Noruega y las islas Shetland y la subespecie limosa que se localiza en la parte central de Europa y Asia. Las principales áreas de invernada de estas subespecies se encuentran en la fachada atlántica del sur de Europa, el Mediterráneo y África, donde se registran las mayores concentraciones de aves. L’Albufera de Valencia es una de las localidades utilizadas por las agujas durante su viaje de regreso a los lugares de cría, así que durante unas semanas, estas aves aprovecharán los recursos alimenticios que ofrece el marjal durante el periodo en el que se lleva a cabo el drenaje y el fangueo de los campos de arroz.

Al tratarse de una especie catalogada como Vulnerable, por haber perdido más de un 30% de sus efectivos reproductores en muchos países europeos e incluso el 85% en algunos lugares de cría, su presencia en l’Albufera representa un hecho que debería motivar mejoras en las condiciones ambientales del arrozal al final del invierno. La conservación y la supervivencia de este migrante que año tras año visita nuestro marjal dependen, en buena parte, del mantenimiento de grandes superficies de inundación. Esta situación debería prolongarse, una vez finalizada la temporada de caza, durante el mayor plazo de tiempo posible, garantizando así que las aves migratorias adquieran los recursos energéticos necesarios para proseguir su viaje hacia los lugares de cría.