2019 21 Octubre

Incertidumbres ante una nueva temporada de caza

Un año más se repiten las incertidumbres y dudas que caracterizan el ejercicio de la actividad cinegética en el parque natural de L’Albufera. El pasado domingo 20 de octubre se iniciaba la temporada de caza de aves acuáticas con unas condiciones del hábitat que distan mucho de ser las óptimas para este grupo de aves. La práctica totalidad de la superficie de arrozales del espacio protegido —más de 12.000 hectáreas— se encuentra en seco ante la «necesidad» de realizar un tratamiento de la paja y el rastrojo antes de la inundación invernal. Este tratamiento suele consistir en dejar en seco los campos durante al menos 15 días tras la cosecha o en quemar la paja de manera controlada y con autorización.

El artículo 35 de la Ley 13/2004, de 27 de diciembre, de caza de la Comunidad Valenciana establece la obligación para los titulares cinegéticos y adjudicatarios de las zonas de caza controlada de realizar las inversiones que, en beneficio de las poblaciones silvestres, se determinen en su proyecto de ordenación o plan técnico de caza del acotado. Teniendo en cuenta que los cotos se destinan a las aves acuáticas, sería lógico pensar que deberían favorecerse las condiciones para mejorar la querencia de este grupo de aves; unas condiciones que habrían de pasar sin duda por procurar la inundación de los campos y la idoneidad del hábitat.

 

Incoherencia y desinterés

En este punto surge la cuestión del complejo equilibrio que debe establecerse entre la actividad agrícola y el ejercicio de la caza, definido en la citada ley como el «aprovechamiento racional de los recursos cinegéticos dirigido a la conservación y restauración del estado de normalidad de las poblaciones silvestres utilizadas», entendiendo por estado de normalidad «aquel que permite alcanzar el óptimo aprovechamiento estable y sostenido, en condiciones de plena compatibilidad con todo el resto de las especies y valores naturales y con todos los demás usos y usuarios legítimos presentes en el territorio». Toda una declaración de intenciones que en el caso de los cotos de aves acuáticas de L’Albufera carece completamente de una base en la que sostenerse.

El retraso progresivo del inicio del cultivo del arroz en primavera y el empleo de variedades de ciclo largo como la J. Sendra hacen que el periodo de la recogida del cereal se solape con el inicio de la temporada cinegética, complicando una gestión eficaz del hábitat en otoño. El desinterés de todas las partes implicadas, agricultores, gestores y cazadores, en armonizar estos usos parece acentuarse en un momento en que, lamentablemente, no van bien las cosas para las poblaciones de aves acuáticas en L’Albufera. Las cifras de aves nidificantes e invernantes muestran valores mínimos históricos, lo cual guarda sin duda relación con los cambios habidos en los ciclos de inundación de los arrozales, una inundación que, cada vez más, se retrasa en primavera y se reduce en superficie y tiempo durante el invierno. La caza, bajo estas condiciones, lejos de garantizar la conservación y el pretendido  «estado de normalidad» de las poblaciones de aves acuáticas, ya de por sí diezmadas, supone en cambio una amenaza muy considerable.