2019 13 Mayo

Como agua de mayo

 

Es bien conocida la importancia que el cultivo del arroz tiene para la conservación de la biodiversidad y, particularmente, de las aves acuáticas de L’Albufera. La escasez de hábitats acuáticos naturales convierte los arrozales en espacios de alimentación alternativos muy importantes, tanto en invierno como en el periodo de nidificación. Efectivamente, de la inundación de estos y del desarrollo de la planta del arroz depende el éxito reproductor de miles de aves acuáticas —garzas, limícolas, pagazas, fumareles, anátidas y rálidos—.

 

El arrozal se inunda cada vez más tarde

Buena parte de las aves nidificantes en L’Albufera retrasan el inicio de las puestas a la inundación de los arrozales. De hecho, llama la atención si esto se compara con los casos de otras zonas húmedas en que los hábitats naturales ofrecen suficiente alimento, donde el ciclo reproductor se inicia incluso a principios de abril. En los últimos años, el empleo de nuevas variedades de arroz parece estar motivando un retraso paulatino de la inundación primaveral, lo cual incide negativamente en la reproducción de muchas aves; fundamentalmente, garzas.

Mientras hace apenas una década la inundación se iniciaba a finales de abril, últimamente se alarga hasta casi cumplida la primera mitad de mayo. Este año en concreto el agua no empieza a entrar en las zonas altas de Sueca hasta el día 12. Y las compuertas siguen hoy cerradas —y así seguirán hasta incluso el día 22 de mayo y más tarde— en los «tancats» donde a estas alturas, otras temporadas, el verde del arroz ya apuntaría sobre la superficie del agua. El retraso en la inundación supera en muchas zonas los diez o 12 días.

 

Retraso por las lluvias

Si bien es cierto que las lluvias de finales de abril han obligado a retrasar las labores de preparación de los campos, las razones no parecen del todo justificadas. Y, en cualquier caso, el hecho de que, en plena época de cría, los arrozales permanezcan en seco puede tener consecuencias desastrosas para muchas aves acuáticas. Entre ellas, las diferentes especies de garzas; las limícolas como la canastera, los chorlitejos o la cigüeñuela; el morito común, y la pagaza piconegra. Se trata en fin de una dificultad más para la sostenibilidad ambiental de L’Albufera. Un asunto complejo y discutible.