Cuaderno de Campo | Abril 2017

Un morito explorador


17
Abr
2017

El morito común (Plegadis falcinellus) es una especie que en muy poco tiempo ha colonizado numerosos humedales de la comunidad Valenciana y del interior peninsular. Para ello, se aprovechan de su capacidad de movimiento para encontrar nuevas áreas de alimentación y reproducción. Hace pocos días revisando historiales de moritos comunes con anillas de lectura a distancia dimos con un historial muy poco común. Se trata de un historial breve, pero que muestra uno de los aspectos de mayor importancia en la colonización de nuevas áreas reproductoras: la dispersión juvenil.

Dicho morito, con anilla V02, fue anillado como pollo en el nido en junio de 2010 en l’Illa del Buda (Delta del Ebro). No existen observaciones hasta poco menos de un año después, cuando fue observado ininterrumpidamente entre el 30 de marzo y 9 de abril de 2011, en Bingheimer Reid, un pequeño humedal de 85 ha en Alemania cercano a Frankfurt. Apenas el día siguiente apareció en Baja Sajonia, nada menos que a 160 km de distancia de donde había estado los días previos. Una semana después fue observado en Große Grabenniederung, un humedal próximo a Branderburgo, donde fue permaneció al menos dos semanas antes de partir a un nuevo e inusual destino: la laguna de Curlandia, en la costa de Lituania, donde estuvo al menos una semana, suponiendo nada menos que la sexta cita de la especie en este país del Báltico. Tras mes y medio sin que fuera observado de nuevo, aparece entre julio y septiembre en distintos puntos de la costa de Holanda, para ser observado de nuevo en España, en Urdaibai, a mediados de septiembre del mismo año. No es hasta el 2 de enero de 2012 cuando vuelve a ser observado, en este caso en l’Albufera, suponiendo su última observación. Curiosamente, durante todo su periplo coincidió el tipo de hábitat en el que fue observado: cultivos de cereales de inundación anexos a humedales.

Cada año, los moritos emprenden largos viajes de este tipo hacia el centro y norte de Europa. Incluso han llegado a observarse aves anilladas en Doñana en islas del Caribe, poniendo de manifiesta la importante capacidad de vuelo de estas aves. Conocer estos viajes es posible gracias a, entre otros métodos, el anillamiento científico de estas aves.

Los moritos que observamos en l’Albufera con anilla de lectura a distancia proceden de las principales colonias del Mediterráneo occidental: La Camarga (Francia), Delta del Ebro (Tarragona) y Doñana (Sevilla). Fuera de la época de cría, las aves se desplazan a lo largo de la ruta que pasa por estas regiones, haciendo uso de los arrozales cosechados para alimentarse de invertebrados, anfibios y semillas que quedan entre los rastrojos. Las aves nacidas en l’Albufera, cuya programa de marcaje es más reciente y con menos información de momento, parecen seguir este mismo patrón de desplazamientos, con lecturas durante el invierno en los humedales del sur de la península, como Doñana o marismas de Cádiz.


Texto y contenidos:
Pablo Vera