Cuaderno de Campo | Abril 2016

Una nueva oportunidad para una famosa águila calzada


10
Abr
2016

Los medios de comunicación escrita se han hecho eco de la reciente liberación de un águila calzada tras recuperarse del disparo que recibió de un cazador en L’Albufera de Valencia (ver noticia).

El águila calzada (Aquila pennata) ha sido una rapaz tradicionalmente rara en L’Albufera de Valencia, donde ni siquiera era previsible verla en época de migración, pese extenderse por el sur de Europa en época de cría y emigrar hasta alcanzar la zona intertropical africana durante la invernada. A partir de 1985 empezaron a verse águilas calzadas en L’Albufera en invierno, lo que resultó ser un fenómeno sin precedentes que también pudo ser registrado en otras localidades meridionales ibéricas. En la actualidad hay varias decenas de ejemplares invernando en L’Albufera y la especie muestra una presencia regular extendida desde agosto a mayo.

Los estudios para mejorar el conocimiento de la biología migratoria de las aves y sus cambios están empezando a utilizar sistemas de localización por satélite, como alternativa al método tradicional de marcar a las aves con anillas metálicas. Poco se podían imaginar los técnicos y colaboradores de SEO/BirdLife, los agentes de Medio Ambiente de la zona y el equipo de dirección técnica del Parque Natural Montes de Málaga, que el águila calzada a la que colocaron un emisor satélite en la campiña oriental malagueña en julio de 2013, a la que llamaron Maruján (más información), marcaría una diferencia en su especie.

Resultó ser la primera de las águilas calzadas marcadas dentro del programa Migra que se quedó a invernar en la Península Ibérica, mientras las demás pasaron el invierno a más de 3.000 km de sus nidos, en áreas de sabana en países como Mali, Mauritania, Niger, Nigeria, Sierra Leona o Guinea (más información). Maruján desarrolló esta singular ruta migratoria durante dos inviernos consecutivos, entre su localidad de cría malagueña y su localidad de invernada valenciana, lo que parece dar a entender que la estrategia individual de modificar la ruta migratoria tradicional de su especie era firme.

Entre las aves migratorias la opción de no seguir las rutas los ancestros puede conducir a una muerte temprana, si no alcanzan un entorno con unas condiciones de confort y recursos que garanticen la supervivencia invernal, o puede acabar resultando una alternativa ventajosa. Los descendientes de estas aves, con hábitos migratorios no convencionales, serán más proclives a replicar esas mismas nuevas rutas migratorias. De este modo, con el tiempo, las aves migratorias modifican sus estrategias de supervivencia.

El águila Maruján recibió un disparo en lo marjales de Sueca del que, afortunadamente, pudo curarse en el Centro de Recuperación de Fauna “La Granja” de la Generalitat Valenciana. Es difícil concebir cómo los cazadores, estando autorizados para matar ciertas aves silvestres en un Parque Natural como el del L’Albufera de Valencia, hayan podido disparar contra un águila. Pero la realidad es obstinada y nos da repetidas muestras de que todavía son muchos quienes disparan a las especies protegidas. Esto es un verdadero estigma para quienes practican la caza y un fracaso para quienes se esfuerzan en preservar nuestra riqueza natural para generaciones futuras.