Cuaderno de Campo | Julio 2012

El verano sigue adelante


11
Jul
2012

Mediados de julio suele marcar el principio del fin del periodo reproductor de muchas aves. La mayoría de larolimícolos (charranes y gaviotas fundamentalmente) ya han abandonado las colonias de cría y es un periodo en el que resulta fácil observar otras muchas aves adultas acompañando a su prole en la búsqueda de alimento, tanto en el mar, como en los arrozales o lagunas de l’Albufera.

Las cifras registradas durante esta temporada de cría parecen ser normales, sin que de momento se hayan superado los valores que suelen ser habituales para las muchas aves acuáticas que nidifican en este humedal. Sí que parecen anotarse cifras más elevadas de especies que recientemente han ocupado este espacio como la gaviota cabecinegra (nidificante desde 2001) o el morito común (reciente reproductor desde 2010). Sin embargo, la presencia, como reproductores, de otras especies mucho más exigentes y sensibles a las condiciones del hábitat (pato colorado, garza imperial, rascón común, cerceta pardilla, etc.) sigue siendo marginal y muy escasa. Una señal que parece indicarnos que no todo va por buen camino.

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Incendios incontrolados


01
Jul
2012

Hace ya más de tres días que se mantienen incontrolados dos de los incendios forestales más graves de los registrados en las últimas décadas en nuestro territorio. A día de hoy se habla ya de más de 40.000 hectáreas de superficie arrasada por un fuego que parece haberse originado por dos negligencias. Sobrecoge pensar en el coste ambiental y económico de este suceso y más si se tiene en cuenta que una buena parte de esta superficie se correspondía con masas forestales bien estructuradas y conservadas. Las consecuencias de este tipo de sucesos a gran escala tiene, sin duda, efectos devastadoras en la conservación de la biodiversidad y el paisaje de nuestro territorio, por no hablar del sostenimiento de buena parte de las economías locales de las poblaciones afectadas. Los cielos de l'Albufera estos días permanecen cubiertos por una densa humareda, señal inequívoca de los serios acontecimientos sucedidos a unos pocos kilómetros hacia el interior.

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