Cuaderno de Campo | Diciembre 2011

Resumen ornitológico: año 2011


30
Dic
2011

El mar dio más de una sorpresa a lo largo del mes de enero, con un grupo de 6 serretas grandes observadas en Cullera (2ª cita para l’Albufera) que permanecieron durante más de una semana y que coincidió con una de las mayores irrupciones registradas en las últimas décadas en la península Ibérica. Un negrón especulado y un colimbo grande pudieron ser vistos también durante la primera quincena del mes. Un macho de pato mandarín se dejó observar por unos días en el Racó de l’Olla y hasta seis bisbitas de Richard fueron localizadas a lo largo del invierno en diferentes tramos del litoral.

El rápido desecado de los arrozales parece haber contribuido a una menor llegada de grandes gaviotas a lo largo del mes de febrero. Hasta tres gaviotas argénteas y una posible gaviota del cáspio fueron identificadas en los arrozales de Alfafar. Localidad en la que se registró el máximo anual de aguja colinegra, con apenas 1.800 aves. Un esquivo somormujo cuellirrojo pudo ser observado durante apenas dos días en el litoral de la Devesa, resultando la segunda cita para l’Albufera, y una solitaria serreta grande fue localizada en el estany de Cullera a finales de este mismo mes. El mismo día en el que se dejo ver la única lavandera enlutada del año.

El mes de marzo dio unas de las pocas citas anuales de polluela chica y de polluela pintoja y también la única observación invernal de gaviota cana. Con el final del invierno, las cifras registradas de morito común fueron ascendiendo hasta alcanzar un máximo sin precedentes de 388 aves la primera semana de este mes. La segunda mitad de marzo trajo ya buena parte de los migrantes transaharianos reproductores y el último día fue anillado un mosquitero común mostrando rasgos propios de la subespecie siberiana tristis.

Abril se inició con un temprano correlimos pectoral en los arrozales de Sueca que supone el segundo registro prenupcial hasta la fecha. Dos barnaclas cariblancas (primer registro desde 1960) estuvieron presentes durante una semana en La Pipa, localidad en la que proliferaron las observaciones de polluela bastarda, con un máximo sin precedentes de cinco aves juntas. Como era de esperar, el paso prenupcial dio observaciones destacadas, como las de bisbita gorgirrojo (hasta 7 aves juntas), el cernícalo patirrojo o el carricerín cejudo (hasta tres aves observadas). Abril dio también las últimas citas prenupciales de bisbita de Richard y la presencia temprana de dos charranes de pico amarillo (tipo charrán elegante) que permanecerían en el Racó de l’Olla hasta la llegada del verano.

Una primavera más lluviosa de lo habitual hizo que se retrasara la inundación de los arrozales de l’Albufera. Mayo apenas dio tres observaciones aisladas de fumarel aliblanco y las segundas citas realizadas hasta la fecha en l’Albufera de alzacola rojizo y de zarcero icterino. La buscarla pintoja y el mosquitero silbador resultaron algo más frecuentes de lo habitual y los últimos días del mes dieron la primera observación anual de cerceta pardilla, especie que apenas ha sido registrada a lo largo del periodo nupcial y postnupcial de este año.

Un cernícalo patirrojo algo retrasado se dejó ver la primera semana del mes de junio, fechas en las que pudieron observarse especies ocasionales en el periodo reproductor como la terrera común o el chochín. Hasta dos ejemplares diferentes de garceta común mostrando rasgos de hibridación con garceta dimorfa fueron localizados en los diferentes núcleos de cría de garzas de l’Albufera y cerca de 20 parejas de morito común nidificaron, tras su establecimiento como reproductor el pasado año. Junio dio otras dos citas aisladas de cerceta pardilla, una especie amenazada que no parece ver recuperadas sus poblaciones en nuestros humedales.

Un tranquilo mes de julio trajo una observación en alta mar de un adulto de págalo rabero y de dos observaciones de halcón de Eleonora. El paso postnupcial de charranes dio registros interesantes como los de un adulto de charrán bengalí y de un inmaduro de charrán árctico que, por unos días, pudieron ser vistos en el Racó de l’Olla. La golondrina dáurica se presentó a lo largo de todo el periodo nupcial, con un registro de hasta 7 aves juntas a finales del mes en El Cabeçol de Cullera.

A lo largo del mes de agosto se registraron hasta 6 fumareles aliblancos diferentes y se obtuvieron dos citas más de halcón de Eleonora. Un máximo de 260 moritos comunes pudieron ser censados y la cerceta pardilla fue observada también en una única ocasión. La estabilidad propia del mes central del verano y el transcurso del paso postnupcial de limícolas trajeron un primer correlimos pectoral y un archibebe patigualdo chico en un mismo arrozal baldío de Sollana. Una temprana polluela pintoja que pudo ser vista fugazmente en este mismo lugar.

Septiembre llevó asociado uno de los periodos otoñales más secos de los últimos años. Muchas de las especies más esperadas del año se presentaron a lo largo de este mes, y algunas, como el correlimos pectoral, en cifras altas (posiblemente hasta 6 aves diferentes). El correlimos canelo hizo acto de presencia en una ocasión, coincidiendo con una fuerte irrupción en la península Ibérica y un esquivo andarríos del Terek pudo ser observado apenas unos minutos en La Ratlla. Hasta tres chorlitos carambolos fueron localizados en campos roturados de El Romaní y un máximo de 17 correlimos de temminck fueron registrados durante la última semana de este mes. Se registraron además tres ejemplares diferentes de lavandera cetrina, curiosamente en La Ratlla, una localidad de presencia para esta especie que se esta haciendo habitual con los años.

Octubre también resultó ser mucho más seco de lo habitual y el único temporal registrado propició una de las llegadas de túrdidos más llamativas de los últimos años. Un alcaudón dorsirrojo fue visto brevemente la primera semana del mes y, a los pocos días, un segundo zarcero icterino del año fue observado en Sueca. Por otro lado, la presencia de correlimos pectoral se prolongó hasta casi mitad de mes, coincidiendo con una breve observación de busardo moro. Un segundo correlimos canelo pudo ser observado en La Ratlla y hasta dos avetoros pudieron ser registrados en diferentes localidades de l’Albufera. El primer mosquitero bilistado del año se presentó, al final del mes, en el Racó de l’Olla en la misma zona en la que viene observándose regularmente casi todos los años.

Noviembre transcurrió igualmente con una ausencia casi total de precipitaciones. Hasta cuatro avetoros comunes fueron registrados en diferentes puntos de la laguna y también se registraron máximos de morito común (más de 300 aves) y de flamenco común (hasta 125 aves). Un macho de aguilucho papialbo pudo ser observado por un breve espacio de tiempo en La Pipa y otro ejemplar joven se presentó durante varias semanas en zonas de arrozal y huerta cerca de Sollana. Otros dos mosquiteros bilistados fueron localizados a lo largo de este mes y un tardío archibebe fino pudo ser fotografiado en el Racó de l’Olla. Apenas dos citas aisladas de bisbita de Richard en las localidades habituales de presencia y un macho inmaduro de porrón bastardo en El Fang despidieron uno de los meses de noviembre más cálidos de los últimos años.

Diciembre apenas rompió la estabilidad atmosférica de los meses previos. El aguilucho papialbo de noviembre permaneció a lo largo de la primera mitad del mes en Sollana y un primer colimbo grande pudo ser observado en la playa del Recatí. La pardela balear, alcanzó una de las cifras más elevadas de las obtenidas hasta la fecha con una estimación de 14.200 aves a mediados del mes. Otra vez los moritos alcanzaron cifras invernales sin precedentes (367 aves) y dos carriceros comunes fueron anillados en Milia (los registros más tardíos hasta la fecha). Dos mosquiteros comunes mostrando rasgos propios de la subespecie abietinus pudieron ser anillados a lo largo del mes.

El adelanto del fangueo invernal de los arrozales


28
Dic
2011

Un año más, parece que el adelanto de las labores del fangueo de los arrozales comienza a resultar cada vez más habitual. Si bien es una práctica que a corto plazo beneficia a un gran número de aves, a medio y largo plazo, su desarrollo en fechas tan adelantadas (no llegándose a dos meses de inundación otoñal/invernal) puede poner en peligro, no solo el papel que cumplen los arrozales como medio indispensable para el sostenimiento de una variada biodiversidad, sino también la justificación de una buena parte de las ayudas que perciben los agricultores desde la Unión Europa.

La actividad agrícola en los países de la Unión Europea se encuentra, en buena medida, apoyada por diferentes instrumentos financieros y ayudas económicas que perciben directamente los agricultores para garantizar su estabilidad. Los arrozales es uno de esos cultivos que se ve subvencionado por diferentes conceptos y parte de esas ayudas, (468 euros/hectárea), se vinculan con el cultivo sostenible del arroz en humedales (Orden 11/2010, de 26 de febrero, de la Consellera de Agricultura, Pesca y Alimentación).

Estas ayudas “agroambientales” se perciben por el cumplimiento de una serie de compromisos (obligatorios y opcionales) que, de antemano y de manera voluntaria, han asumido los agricultores. Entre los compromisos obligatorios, se señala el llevar al día un cuaderno de la explotación, el triturar la paja e incorporarla o retirarla en el terreno tras la cosecha y finalmente mantener los elementos de retención (diques y compuertas) para permitir la inundación temporal de los arrozales. Entre los compromisos opcionales, cada agricultor puede asumir una de estas dos medidas: mantener los campos inundados al menos 3,5 meses o bien mantener los rastrojos en el campo hasta, al menos, el primer día de febrero.

Las razones que parecen justificar este adelanto de las labores del terreno (en noviembre y diciembre) vienen apoyándose en la ausencia de recursos hídricos para mantener la inundación durante más tiempo y también al problema asociado con un desarrollo excesivo de la vegetación adventicia durante el otoño e invierno. De cualquier modo, el incumplimiento reiterado de estos compromisos implica ciertos riesgos, por lo que su práctica debería ser estudiada con cautela con el objeto de ofrecer alternativas viables. Del mismo modo, se deberían poner en marcha los medios necesarios para que la gestión de los arrozales a lo largo del invierno se desarrolle bajo los criterios de sostenibilidad y de conservación de los hábitats acuáticos y de la biodiversidad que exige la Unión Europea.

Entre los riesgos que supone el adelanto del fangueo a los meses de noviembre y diciembre se señala el que tras la breve inundación otoñal de los arrozales (en algunos casos apenas mes y medio) apenas se ha podido desarrollar la rica biodiversidad que mantiene este ecosistema agrícola (macrófitos e invertebrados acuáticos). Por otro lado, una vez fangueados los arrozales éstos son desecados a los pocos días, dejando el campo en seco durante el resto del invierno y hasta la inundación primaveral. Nada menos que un periodo mínimo de cinco meses en los que los arrozales permanecen enteramente secos. LOs arrozalales constituyen el hábitat de alimentación de un elevado número de aves acuáticas invernantes, de manera que su gestión tiene unas consecuencias evidentes en la supervivencia para las aves en los meses más fríos que quedan por venir.

El valor ambiental de los arrozales depende en gran medida de las prácticas agronómicas que se llevan a cabo en estos espacios. El empleo de fertilizantes y productos fitosanitarios, el manejo del agua, el control de la vegetación y la gestión de los arrozales fuera del periodo de producción, son elementos que merecen una profunda reflexión. Aún más, si se tiene en cuenta que la agricultura debe ser una garantía para la conservación y sostenibilidad de nuestros paisajes y de la biodiversidad y de la salud humana.

Un carricero tordal de edad avanzada


10
Dic
2011

Una de las utilidades del anillamiento científico es la de obtener información acerca de la supervivencia y longevidad de las aves. Así, es bien conocido que las aves tienen una supervivencia mucho menor durante su primer año de vida, siendo especialmente patente en aves migradoras. Este fenómeno se asocia con la inexperiencia de los jóvenes en búsqueda de alimento, de refugio, en la toma de decisiones migratorias o la defensa ante posibles predadores. Recientemente se ha recibido, desde la Oficina de Especies Migratorias, la información referente a un ave recapturada en la Estación de Esfuerzo Constante del Tancat de la Pipa, gestionada por SEO/BirdLife desde abril de 2009 como parte del seguimiento de avifauna que realiza para la Confederación Hidrográfica del Júcar.

Los datos corresponden con un carricero tordal Acrocephalus arundinaceus adulto recapturado en esta localidad el 17 de abril de 2010, dentro del programa PASER. Este ave, había sido anillada como hembra adulta (es decir, con al menos un año de edad y reproductora) en el Marjal dels Moros (Sagunto) en junio de 2002. Es decir, 2.849 días (8 años) antes, por lo que en el momento de su recaptura contaba con, al menos 9 años de edad. Según los datos de EURING se trata de uno de los datos de mayor longevidad para la especie (Ver información), cuyo récord lo ostentan dos ejemplares con al menos 10 años de edad.

No deja de impresionar como un pequeño paseriforme pueda desplazarse desde las localidades de cría a las áreas de invernada localizadas en un amplio rango de latitudes y longitudes en la franja tropical africana. Aunque existe poca información al respecto, las poblaciones nidificantes en la península Ibérica invernarían en el África occidental subsahariana (desde Senegal hasta Camerún). Tomando como posible área de invernada Costa de Marfil, el carricero tordal recapturado habría recorrido entre se anillamiento y recaptura al menos 40.000 km, dado que la distancia entre su área de reproducción y su cuartel de invernada (a los cuales muestra una altísima fidelidad), es de aproximadamente 5.000 km. Teniendo en cuenta que este ejemplar tenía ya un año de vida al ser anillado, la distancia recorrida se elevaría a, al menos, 50.000 km. Una cifra nada despreciable para un ave de apenas 20 centímetros. (Ver más información sobre esta cita).

Texto remitido por: Pablo Vera/SEO BirdLife

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