¡Matadlos, matadlos a todos!


24
Ene
2016

Entre los días 16 y 24 de enero se han desarrollado Les Càbiles en L’Albufera. Una aclamada tradición cinegética surgida cuando se empezaron a subastar los puestos de caza en el siglo XX, para desagraviar a los menos adinerados y permitirles cazar libremente tras la celebración de la última tirada concertada. Esta práctica, limitada en origen a tres días en los Vedats, hace tiempo que se extendió a nueve días consecutivos en todos los acotados cinegéticos del Parc Natural. Privados de poder acceder a sus áreas de alimentación durante días, los patos finalmente son presa fácil de las escopetas. Supone el colofón de la infausta gestión cinegética que se desarrolla actualmente en el afamado cazadero de L’Albufera.

Las antiguas tiradas en el Lago de L’Albufera eran célebres por las abundantes fochas y patos colorados nativos, mientras que las tiradas en los marjales de Sueca, Silla y Cullera, lo eran por los patos migratorios, como los rabudos, los silbones y los porrones. Sus bandos se contaban por miles y las piezas abatidas por cientos en cada puesto de caza. Actualmente, la focha y el pato colorado se pueden considerar al borde la extinción local en la época de cría en L’Albufera y sólo nos visitan para invernar, procedentes de otros humedales donde aún encuentran buenas condiciones para criar. El ánade azulón, favorecido fundamentalmente por el cultivo del arroz, ha pasado de ser un desconocido en L’Albufera a ser el único pato abundante todo el año. Las otras once especies apreciadas por los cazadores son todas migratorias y en la actualidad apenas representan una reducida proporción del total de anátidas invernantes.

Las aves migratorias viven un delicado equilibrio entre el esfuerzo de tener que realizar un largo viaje y la probabilidad sobrevivir al invierno. Basan su éxito en garantizar la supervivencia del individuo, siendo más fieles a la localidad de invernada en la que asegurar esa supervivencia (donde obtienen comida y confort) que a la localidad de cría. Al llegar aquí, tras la migración otoñal, los patos se apresuran para formar pareja y muchos ya están emparejados a principios del invierno. Este empeño les reportará beneficios tras el viaje primaveral hacia el norte, cuando deberán encontrar un buen sitio para criar con éxito teniendo la pareja ya formada. El esfuerzo es tan grande y el equilibrio tan delicado que si una hembra pierde a su pareja en Navidad, la búsqueda de otro macho tendrá como consecuencia un menor rendimiento reproductor.

Los patos migratorios cazados aquí en invierno han nacido en otros países que han invertido en conservar sus humedales, haciendo posible que estas aves todavía puedan sacar adelante a sus crías y regresar, cada año, a localidades como L’Albufera. Del mismo modo en L’Albufera se podrían conservar sus poblaciones de aves acuáticas garantizando una extensa y prolongada inundación invernal del marjal, para la alimentación; unas condiciones de tranquilidad en las áreas de descanso, para el confort; y una gestión cinegética sostenible, con cupos de piezas abatidas según la abundancia de cada especie, para garantizar la sostenibilidad de las poblaciones.

Pero los patos que elijen L’Albufera como lugar de invernada son cazados sin limitación y en cantidad desconocida; y los marjales inundados se desecan mucho antes de que acabe el periodo de invernada, forzando a los patos a relocalizarse en una época crítica, previa a su viaje de retorno primaveral al norte de Europa. Dejando a un lado al ánade azulón, la población invernante de anátidas en L’Albufera ha descendido más de un tercio en la última década. Sin embargo, ante esta reducción, los cazadores han exigido una mayor presión cinegética (amparada en un control del ánade azulón que afecta por igual al resto de especies acuáticas), consiguiendo que la administración autonómica autorice más días, más horas, y la celebración de jornadas nocturnas de caza. A esto se tiene que añadir el furtivismo y las molestias a las áreas protegidas de descanso, para forzar a las aves a volar hacia los cotos de caza y que sigue aumentando cada año ante la casi total ausencia de controles y vigilancia.

Finalizada la temporada, los patos que sobrevivan deberán alcanzar sus localidades de cría en las mejores condiciones físicas posibles, para afrontar la próxima temporada reproductora. Cuando regresen a L’Albufera el próximo otoño serán recibidos por los cazadores, pertrechados con sus mejores armas, con la intención de matar al mayor número posible de patos, sin preocuparse en ningún momento en si esta forma de cazar puede ser o no ser sostenible.