El despropósito de la caza en l’Albufera


22
Ene
2015

Transcurre la semana de Les càbiles y con ello las últimas jornadas antes de dar por finalizada la presente temporada de caza de aves acuáticas en l’Albufera el primer día de febrero. Una temporada más que se suma al largo periodo de descontrol de una actividad que afecta directamente a las aves acuáticas de este espacio, tanto por las muertes que ocasiona, como por las molestias que causa a la población de aves invernantes.

Se puede llegar a entender que el ejercicio de la caza, desarrollado con responsabilidad y compromiso, supone una actividad en algún punto compatible con la conservación de las poblaciones de aves acuáticas. Pero lo cierto es, que cada año que pasa, resulta más complicado poder defender y justificar una práctica que se cobra la vida de un gran número de aves, muchas de ellas protegidas e incluso en peligro de extinción. Puede que el problema radique en la mala práctica de unos pocos, en el ejemplo nefasto que supone el que un reducido número de personas abatan cualquier tipo de ave que tenga la mala fortuna de cruzarse en su camino, en el silencio cómplice de quienes saben de las infracciones cometidas, pero lo cierto es que la observación de aves heridas o muertas por disparo, en los arrozales de l’Albufera (entre las que se citan avetoro común, flamenco común, morito común, garza real, aguilucho lagunero, garceta común y un largo etcétera), resulta habitual y no son pocas las referencias que hablan de infracciones, excesos y despropósitos que hacen cuestionar hasta qué punto la caza, tal y como se practica hoy en L’Albufera, puede llegar a ser entendida como sostenible.

Resulta difícil defender (o puede que no tanto) cómo una práctica ampliamente extendida en nuestro territorio, y que afecta directamente a la conservación de las aves, apenas esté sujeta a un mínimo de vigilancia y a una ausencia total de seguimiento o control. No existen datos reales del número de capturas anuales en l’Albufera (las estimaciones hablan de más de 10.000 anátidas abatidas cada temporada), tampoco existen medios de vigilancia que permitan reducir los efectos de una caza incontrolada, ni parece existir un interés real por hacer de la caza una actividad con futuro e implicada realmente con la conservación de las poblaciones de aves acuáticas que nos visitan en invierno. ¿Cómo se explica que hoy en día se autorice la caza de aves acuáticas silvestres, de las que apenas entendemos en parte sus necesidades ecológicas, sin establecer cupos de captura y sin conocer el número total de piezas abatidas cada año?

Por si fuera poco, las prácticas agrícolas que vienen desarrollándose los últimos años no ayudan a mejorar el estado de conservación de nuestras aves acuáticas invernantes. La reducción de los periodos de inundación invernal de los arrozales y el adelanto de los trabajos de fangueo, tras los cuales el marjal permanece casi por completo en seco a finales de enero, hace que muchas aves se vean forzadas a abandonar l’Albufera en pleno periodo invernal.

El que la caza sea una actividad compatible y con futuro es responsabilidad de todos. De la administración en poner en marcha los medios y mecanismos de información, control, seguimiento y vigilancia, necesarios para lograr un desarrollo sostenible y ordenado de la caza. Pero también en promover y velar por unas condiciones óptimas del hábitat, no solo para la caza sino también para la invernada de aves acuáticas y que pasan por propiciar un adecuado manejo de los arrozales durante el invierno. Con todo ello, no se debe olvidar que también es responsabilidad del cazador y de las Sociedades de Cazadores, el promover una actividad respetuosa, el interesarse y preocuparse en demandar mejoras en la calidad ambiental de l’Albufera y poner los medios para permitir que la actividad de la caza sea aceptada, entendida y compartida por la sociedad en general. Puede que el problema radique en unos pocos, pero los efectos son tan demoledores que ponen en duda el que realmente la caza pueda ser una actividad compatible con la conservación de las aves acuáticas en l’Albufera.

Resulta urgente aplicar las medidas necesarias para conocer y entender qué está sucediendo, para poder explicar los cambios evidentes que se están produciendo en la invernada de anátidas en l’Albufera, como comprender por qué el ánade azulón aumenta de manera casi desproporcionada su número mientras otras especies, como el silbón europeo, el porrón común o el ánade rabudo, reducen su presencia hasta cifras preocupantes. La caza, junto con el manejo de los arrozales en invierno, son los principales factores que afectan a la invernada de aves acuáticas en l’Albufera. Profundizar en estos temas resulta clave para salvaguardar el potencial y el valor de este humedal como enclave para la invernada de patos y con ello, aunque nos pese, su capacidad para posibilitar una actividad cinegética sostenible y respetada.