Una nueva temporada de caza


12
Oct
2014

Este fin de semana se ha dado por iniciada, de manera oficial, la temporada de caza de 2014. De manera oficial porque, un año más, se prolonga esa extraña realidad y connivencia que acompaña a la actividad cinegética en l’Albufera. Si el pasado 9 de octubre uno de los acotados del entorno inmediato de la laguna era el que, de manera unilateral, adelantaba el inicio de la caza, estos últimos días se han sucedido una serie de incidentes (disparos a plena luz del día en las inmediaciones zonas de reserva natural y unas últimas jornadas nocturnas acompañadas del eco inconfundible de las escopetas), que confirman el desorden y la falta de responsabilidad que parecen acompañar a esta práctica en l’Albufera.

A la espera de una nueva reglamentación de la caza (que se recogerá en el nuevo Plan Rector de Uso y Gestión del parque natural que se está elaborando) y un marjal (arrozal) cada vez menos atractivo para las aves acuáticas en otoño (en el que la ausencia de ayudas europeas y la escasez de agua parecen justificar un retraso de la inundación y el poder quemar el rastrojo), la actividad cinegética sigue desarrollándose sin apenas control y con un evidente desconocimiento de lo que el ejercicio de la caza representa para la conservación de las aves acuáticas en este humedal. Parece evidente que especies y poblaciones como la del ánade azulón (collverd) o la gallineta común (polla d’aigua) (esta última cinegética al amparo de una resolución administrativa que justifica su control por prevención de daños en las cosechas) soportan estoicamente la presión de la caza, sin embargo otras muchas especies (entre las que se incluye el pato colorado, la focha común, la cerceta común, el silbón europeo, el porrón europeo, la agachadiza común, el ánade rabudo,…) parecen ser las claras perjudicadas. La ausencia de hábitats óptimos en l’Albufera, con los trabajos de recolección del arroz por finalizar (al hacerse cada vez más frecuente el cultivo de variedades de ciclo más largo) y la escasa capacidad de acogida de los acotados de aves acuáticas en otoño (a día de hoy todos en seco), hacen difícil la convivencia de aves acuáticas y caza y, muy especialmente, de las especies migradoras e invernantes.

La actividad de la caza en l’Albufera necesita de una profunda adecuación, que implica el compromiso firme de los cazadores por hacer sostenible su actividad y de la administración por hacer posible el ejercicio de la caza sin poner en riesgo la conservación de las aves. El actual desorden y la escasa información existente, la (casi) nula vigilancia (especialmente en los días hábiles y horarios nocturnos), los continuos registros de infracciones, el elevado número de aves protegidas abatidas todos los años y la escasa renta económica obtenida de esta práctica, parecen confirmar una necesidad de revisión y adaptación que se prolonga ya demasiados años.