De flamencos, moritos y garcetas grandes


04
Mar
2013

A lo largo de las últimas semanas estamos siendo testigos de varios hechos sin precedentes para l’Albufera que han llamado la atención, no sólo a los observadores de aves, sino también de los habitantes de los municipios del entorno de este humedal y de los agricultores, los fotógrafos y de muchos de los visitantes que, a diario, discurren por este espacio. Desde mediados de enero, las cifras de especies como morito común (Plegadis falcinellus), garceta grande (Egretta alba) y de flamenco común (Phoenicopterus roseus) han ido aumentando hasta registrarse máximos históricos que incluyen más de 1.000 moritos y casi 2.000 ejemplares de flamencos. Unas cifras que cuestan de imaginar para un humedal tan antropizado como l’Albufera y que sin duda demuestran el increíble potencial que tienen este tipo de ecosistemas cuando las medidas de gestión que se desarrollan en ella favorecen las condiciones del hábitat para las aves. En este caso, es la inundación invernal del extenso marjal que rodea l’Albufera, lo que sin duda ha condicionado la presencia de este elevado número de aves cuyas poblaciones parecen aumentar también en Europa. Una medida que resulta clave y esencial para el mantenimiento de una importante comunidad de aves acuáticas y muy especialmente tras finalizar la temporada cinegética.

En la actualidad, las únicas zonas que permanecen inundadas se localizan exclusivamente en las zonas más deprimidas de Catarroja, donde es previsible que la inundación se prolongue por unos días. Después llegará un periodo delicado para l’Albufera ya que, hasta finales del mes de abril, no volverá a ser inundada la extensa superficie de arrozal que rodea a la laguna. Los arrozales inundados ofrecen una gran cantidad de alimento para las aves, y en especial después de varios meses de inundación que han propiciado el desarrollo de una gran cantidad de invertebrados acuáticos.