El adelanto del fangueo invernal de los arrozales


28
Dic
2011

Un año más, parece que el adelanto de las labores del fangueo de los arrozales comienza a resultar cada vez más habitual. Si bien es una práctica que a corto plazo beneficia a un gran número de aves, a medio y largo plazo, su desarrollo en fechas tan adelantadas (no llegándose a dos meses de inundación otoñal/invernal) puede poner en peligro, no solo el papel que cumplen los arrozales como medio indispensable para el sostenimiento de una variada biodiversidad, sino también la justificación de una buena parte de las ayudas que perciben los agricultores desde la Unión Europa.

La actividad agrícola en los países de la Unión Europea se encuentra, en buena medida, apoyada por diferentes instrumentos financieros y ayudas económicas que perciben directamente los agricultores para garantizar su estabilidad. Los arrozales es uno de esos cultivos que se ve subvencionado por diferentes conceptos y parte de esas ayudas, (468 euros/hectárea), se vinculan con el cultivo sostenible del arroz en humedales (Orden 11/2010, de 26 de febrero, de la Consellera de Agricultura, Pesca y Alimentación).

Estas ayudas “agroambientales” se perciben por el cumplimiento de una serie de compromisos (obligatorios y opcionales) que, de antemano y de manera voluntaria, han asumido los agricultores. Entre los compromisos obligatorios, se señala el llevar al día un cuaderno de la explotación, el triturar la paja e incorporarla o retirarla en el terreno tras la cosecha y finalmente mantener los elementos de retención (diques y compuertas) para permitir la inundación temporal de los arrozales. Entre los compromisos opcionales, cada agricultor puede asumir una de estas dos medidas: mantener los campos inundados al menos 3,5 meses o bien mantener los rastrojos en el campo hasta, al menos, el primer día de febrero.

Las razones que parecen justificar este adelanto de las labores del terreno (en noviembre y diciembre) vienen apoyándose en la ausencia de recursos hídricos para mantener la inundación durante más tiempo y también al problema asociado con un desarrollo excesivo de la vegetación adventicia durante el otoño e invierno. De cualquier modo, el incumplimiento reiterado de estos compromisos implica ciertos riesgos, por lo que su práctica debería ser estudiada con cautela con el objeto de ofrecer alternativas viables. Del mismo modo, se deberían poner en marcha los medios necesarios para que la gestión de los arrozales a lo largo del invierno se desarrolle bajo los criterios de sostenibilidad y de conservación de los hábitats acuáticos y de la biodiversidad que exige la Unión Europea.

Entre los riesgos que supone el adelanto del fangueo a los meses de noviembre y diciembre se señala el que tras la breve inundación otoñal de los arrozales (en algunos casos apenas mes y medio) apenas se ha podido desarrollar la rica biodiversidad que mantiene este ecosistema agrícola (macrófitos e invertebrados acuáticos). Por otro lado, una vez fangueados los arrozales éstos son desecados a los pocos días, dejando el campo en seco durante el resto del invierno y hasta la inundación primaveral. Nada menos que un periodo mínimo de cinco meses en los que los arrozales permanecen enteramente secos. LOs arrozalales constituyen el hábitat de alimentación de un elevado número de aves acuáticas invernantes, de manera que su gestión tiene unas consecuencias evidentes en la supervivencia para las aves en los meses más fríos que quedan por venir.

El valor ambiental de los arrozales depende en gran medida de las prácticas agronómicas que se llevan a cabo en estos espacios. El empleo de fertilizantes y productos fitosanitarios, el manejo del agua, el control de la vegetación y la gestión de los arrozales fuera del periodo de producción, son elementos que merecen una profunda reflexión. Aún más, si se tiene en cuenta que la agricultura debe ser una garantía para la conservación y sostenibilidad de nuestros paisajes y de la biodiversidad y de la salud humana.