Cuando la defensa de la caza se queda sin argumentos


14
Dic
2010

La caza da aves acuáticas es una de las actividades humanas que mayores repercusiones tiene para la conservación de las aves de l’Albufera de Valencia. Se trata de una práctica profundamente arraigada en este territorio y cuenta con un gran número de adeptos. En el Parque Natural hay un total de 18 sociedades de cazadores que reúnen a más de 4.000 socios. Es pues un uso de fuerte implantación y que por ello debería ser objeto de una especial atención por parte de la administración.

Aunque existe un amplio espectro de especies cinegéticas que pueden ser objeto de caza, como viene siendo habitual, cada temporada debemos lamentar la muerte por disparos de ejemplares pertenecientes a otras especies. El abatimiento indiscriminado de especies protegidas por aficionados a la caza, puede ser el lado más oscuro de esta actividad y lo que mayor rechazo causa, al tratarse de actos completamente injustificados: resulta relativamente sencillo distinguir a las especies cinegéticas, como los ánades, de otras como las garzas o las rapaces.

Durante la presente temporada, como en otras muchas anteriores, ya han sido registrados varios ejemplares muertos de aguilucho lagunero, garza real, garceta común y garcilla bueyera, así como otras aves heridas por disparo, como gaviota sombría, chorlito dorado, halcón peregrino o cernícalo vulgar. Esta lista se ha visto ahora tristemente ampliada tras el hallazgo de un avetoro común Botaurus stellaris muerto por disparo en marjales de La Llonga (Sueca), una especie catalogada "En Peligro de Extinción" en España y de la que apenas se cuenta con unas pocas citas en l’Albufera. Todo un alarde de “buen hacer” y de “conducta responsable” de una práctica que, en ocasiones como esta, se queda sin argumentos para su defensa.

Lamentablemente, la caza sigue siendo una actividad que requiere una estrecha vigilancia. Con estos antecedentes, resulta complicado dar por buena la voluntad y el compromiso de los cazadores por cumplir con las normas vigentes y no aumentar el actual nivel de control administrativo. Puede que en el caso de l’Albufera este sea uno de los mayores problemas ya que apenas existen medios para garantizar una mínima vigilancia en momentos especialmente delicados como el periodo de Càbiles, las noches de luna llena o los horarios nocturnos. Está en manos de quienes practican esta afición conseguir que la sociedad pueda ver con buenos ojos el ejercicio de la caza, como una actividad que no resulte una amenaza para la conservación de las aves. Sin embargo, los hechos parecen confirmar que todavía son pocos los cazadores conscientes de la responsabilidad que conlleva el privilegio de salir de caza al marjal.