El mes de marzo suele dar todavía buenas cifras de una de las gaviotas más numerosas durante el invierno, la gaviota sombría Larus fuscus. Es una especie que se reproduce en buena parte del litoral atlántico de Europa, desde la cornisa cantábrica hasta el extremo oriental de Finlandia, mostrando en toda esta extensa área tres subespecies reconocidas (graellsii, intermedius y fuscus) Durante la invernada l’Albufera recibe un buen número de aves, que se localizan principalmente en el marjal inundado, donde llega a resultar más numerosa que la gaviota patiamarilla L. michahellis. Las mayores cifras, entre las 1.600 y 3.500 aves, se dan a partir de enero y en especial en febrero y marzo, coincidiendo con los trabajos de fangueo en los arrozales, que dejan al descubierto una gran cantidad de invertebrados, principalmente cangrejo rojo americano Procambarus clarkii.
En l’Albufera parecen presentarse mayoritariamente aves pertenecientes a la subespecie intermedius (originarias de países del centro y norte de Europa (Holanda, Bélgica, Dinamarca, Noruega y Suecia) y graellsii (Islas Británicas, Islandia, España, Francia y Países Bajos) con unos pocos registros atribuidos a la subespecie fuscus propia del mar Báltico (el único confirmado de un ejemplar anillado en Finlandia encontrado en 1976).
Coincidiendo con el paso de la potente borrasca del pasado fin de semana, originada de una ciclogénesis explosiva que ha recibido el nombre de Xynthia, se ha registrado una de las llegadas más importantes de hirundínidos (golondrinas y aviones) de los últimos años en l’Albufera. Si bien casi todos los años, los últimos días de febrero suelen dar los primeros registros de estas especies, en pocas ocasiones esta llegada de migrantes se había referido a un número tan elevado de aves. En zonas del marjal de Silla se ha registrado un grupo de más de 225 golondrinas comunes y de 150 aviones zapadores, en tramos de la Devesa de l’Albufera, esta presencia se hacía también bastante evidente, con varias observaciones de avión común y de golondrina dáurica y en zonas próximas a Sueca se ha llegado a registrar un grupo de más de 40 aviones comunes juntos. La primavera parece que quiera arrancar con fuerza a pesar de estar inmersos en uno de los inviernos más fríos de los últimos años.

Esta marcada llegada de migrantes puede haber estado asociada con el desplazamiento de Xynthia, una borrasca que se profundizó muy rápidamente en el Atlántico, al oeste de Madeira, y que fue desplazándose hacia el Cantábrico por el noroeste de la Península, provocando vientos muy fuertes del oeste y suroeste (por encima de los 120 km/h) y un destacado temporal en la mar. Gran parte de la península Ibérica, en concreto la mitad occidental, se ha visto afectada por esta potente borrasca que en el litoral del Mediterráneo se ha dejado sentir con la persistencia de unos fuertes vientos de poniente que nos vienen acompañando desde hace ya semanas.
Desde hace ya unos años empieza a resultar difícil encontrar campos de arroz cubiertos por una planta que, hasta hace poco, se hacía especialmente llamativa al llegar el final del invierno. Desde mediados de enero, conforme alargan las horas de sol, suele empezar a florecer tímidamente el ranúnculo acuático Ranunculus peltatus, un macrófito dulceacuícola de distribución Eurosiberiana que en nuestro territorio está considerado como raro. En apenas unas semanas, buena parte del marjal quedaba cubierto por un tapiz homogéneo de flores blancas que configuraba uno de los paisajes vegetales más emblemáticos del final del invierno en l’Albufera y que eran considerados, por su importancia y extensión, como una de las mejores representaciones de esta especie en la península Ibérica.
Estos últimos inviernos, apenas han podido observarse campos cubiertos por esta planta que, a pesar de desarrollarse bajo el agua en buena parte del marjal, no llega a florecer debido al adelanto de los trabajos de fangueo de los campos de arroz y, muy probablemente, a la menor duración de la inundación invernal del marjal que se ha ido produciendo con los años. La presencia de esta comunidad botánica en los arrozales constituye un elemento muy valioso para la conservación de una rica biodiversidad del marjal. Al abrigo de estas plantas acuáticas se desarrolla una rica comunidad de invertebrados que proporcionan una gran cantidad de alimento a muchas aves y a otros muchos vertebrados (peces, anfibios, reptiles,…). Si parte de las ayudas económicas que recibe la agricultura desde la Unión Europea van destinadas a compensar el destacado papel que cumplen determinados cultivos en la preservación del medio ambiente debería velarse porque, efectivamente, el cultivo del arroz siga siendo garantía de un hábitat acuático bien conservado.